Deseo prohibido: Tentación
Alan estaba de pie justo al otro lado de la cortina de la ducha, a apenas unos centímetros. Cada vez que pronunciaba mi nombre, mi corazón latía con más fuerza, no por él, sino porque su sobrino de diecinueve años estaba allí conmigo, y su contacto se volvía cada vez más atrevido. Me llevé la muñeca a la boca, obligándome a guardar silencio mientras el deseo me consumía. Un solo sonido descuidado bastaría para que mi marido de cincuenta años descubriera lo que ocurría tras la cortina.