Me acosté con el padrastro mafioso de mi ex.
El día que pillé a mi novio acostándose con esa rubia fulana, se me cayó el tiramisú casero al suelo; nuestra relación de dos años se hizo añicos, más desastrosa que la crema derramada. Entré en un bar, bebiendo whisky a tragos, cuando un tipo con un elegante traje negro se me acercó, con una voz suave como la seda con sabor a bourbon. Escupí: "Ayúdame a olvidarlo", pero terminé completamente perdida en la suite presidencial. Me acorraló contra la pared, me rasgó la blusa, su lengua rodeó mi pezón antes de morderlo con fuerza, dejándome sin aliento. "Sabes a caramelo, nena; esta noche te voy a devorar". Pero entonces mi novio me llamó por FaceTime, vio al tipo detrás de mí y perdió los estribos, gritando: "¡Papá!". Me quedé helada: ¿mi ligue era el padrastro de mi novio? Peor aún, este poderoso hombre de treinta y tres años era el jefe mafioso más peligroso de Brooklyn. Lo que comenzó como una aventura vengativa se convirtió en una pesadilla prohibida.
Temas: Amor prohibido, Mafia