Mi hermanastro frío es la única cura
La remota villa vacacional estaba impregnada de una asfixiante testosterona masculina. En plena noche, mis supresores, que me habían salvado la vida, desaparecieron inexplicablemente. En el instante en que el efecto de las drogas se desvaneció, mi secreto inconfesable —mi adicción al sexo— desató su reacción más violenta y letal de la historia. Lo más fatal fue que, por un retorcido giro del destino, el hombre con el que me vi obligada a compartir habitación esa noche era mi hermanastro, conocido por su absoluta abstinencia y su fría e implacable crueldad. Pensé que, una vez que quedara al descubierto mi estado de celo, vergonzosamente descontrolado, me trataría como a un monstruo y me echaría con desprecio. Pero jamás esperé... Este hombre distante, que normalmente ni siquiera me dedicaba una mirada, ahora irradiaba una agresividad irresistible y abrasadora, deslizando sin piedad su mano grande y áspera directamente bajo mis bragas empapadas...
Temas: Amor prohibido, Erótico